un nudo sostiene
tu cuerpo tibio
suspendido
mi boca lactante
de tus senos
se cuelga
como mi deseo
sin cuerpo
en este refugio
no te has ido
un nudo sostiene
tu cuerpo tibio
suspendido
mi boca lactante
de tus senos
se cuelga
como mi deseo
sin cuerpo
en este refugio
no te has ido
La temporada del friaje empieza en junio, hablo del sur andino peruano. Quise cubrir de frio permanente mis emociones, sin embargo, la esperanza de la primavera orbita. Dejé de ser satélite para ser planeta.
El silencio me enseña que explotar es necesario para tener el proceso de reconstrucción.
Tus ojos marrones se cuelan en estos momentos como un virus tratando de atacar a mi ordenador. Me gustaría vomitar como en ceremonia de ayahuasca todo el daño retenido, ese que hice y me hicieron, muchas veces con ingenuidad otras con intensión. Las segundas son las más oscuras.
Hace unos cuantos meses que dejaron de llorar los carneros. El silencio está actuando.
El sol llega a mi habitación al rededor de las tres de la tarde, la luz se cuela por la ventana tropezando con la vista monótona del tragaluz, cocinas, baños, sonidos domésticos. Afuera, los muros de ladrillos proyecta un rojo ocre que parece camuflarse en mis ligeras líneas de expresión; quiero convencerme de que aún son ligeras.
En mi cabeza, Mariage d'Amour se reproduce en un bucle que intento atrapar infinitas veces. Entonces observo mi meñique izquierdo: pequeño y desprovisto de fuerza. Descubrí la asimetría de mis pulgares el día que quise obligarles a interpretar esa misma música.
¿Cuál fue esa vulnerabilidad mía que te asustó?
Mis manos rodeando tu cráneo, mi boca buscando tu piel bajo esa luz de las brumas marinas...una calidez sin el frío que congela, ese que desquicia los huesos. El espacio es ahora un blanco absoluto; intento confundirlo con la suavidad de la piel desnuda que alguna vez fue mía y luego dejaste compartir con otra. No hay naturaleza aquí, solo la traicionera condición de un corazón que se niega a latir al compas del mismo amor.
De pronto mis sabanas son invadidas por el gato negro. Entra con esa cadencia felina, moviendo la cola como un cascabel silencioso; me mira con esos ojos amarillos, entrecerrados, seductores y con un ronroneo que casi es un susurro se enrosca en mi vientre. Yo le respondo con un suspiro, enroscándome con él en el mismo vacío.
He descubierto que es fácil para muchos corazones ser vigorosos en las mentiras. Me puse triste mil veces más y mil veces más reproduje la misma melodía en el piano hasta convencerme que quizás mi corazón no es más que el reflejo de otro.
¿Cuál es el delito?
dijeron que vivía
confundida
y si lloro
es mi culpa
¿con quién hablo
de mis heridas?
ollas que lavar
casa que barrer
gatos que alimentar
y en un día de esos la rabia
se apodera de los platos rotos
del martillo
que a su paso no encuentra clavos
solo paredes
golpes tras golpes
que liberan el miedo
de los otros
y de ella
y si lloro más
formaré un río
ese que te lleve
al otro lado
del mar
Media noche
media mañana
media vida
media muerte
medias impares
que le devolví
envueltas en plástico.
El río se desboca
inunda este cuerpo
que expulsa
ilusiones.
El viento
gritó:
salta al vacío
y antes
de tocar
el suelo
remonta
el vuelo.
El fuego
incendió
mentiras
encubiertas.
Y la tierra
abrió su vientre
alojó las cenizas
las volvió
semilla.