al borde del río
una piedra brilla
y sonrío
un día de esos
mi corazón la piedra
esperá tu sonrisa
piedras sobre piedras
como en fosas comunes
sin que nadie las encuentre
El sol llega a mi habitación al rededor de las tres de la tarde, la luz se cuela por la ventana tropezando con la vista monótona del tragaluz, cocinas, baños, sonidos domésticos. Afuera, los muros de ladrillos proyecta un rojo ocre que parece camuflarse en mis ligeras líneas de expresión; quiero convencerme de que aún son ligeras.
En mi cabeza, Mariage d'Amour se reproduce en un bucle que intento atrapar infinitas veces. Entonces observo mi meñique izquierdo: pequeño y desprovisto de fuerza. Descubrí la asimetría de mis pulgares el día que quise obligarles a interpretar esa misma música.
¿Cuál fue esa vulnerabilidad mía que te asustó?
Mis manos rodeando tu cráneo, mi boca buscando tu piel bajo esa luz de las brumas marinas...una calidez sin el frío que congela, ese que desquicia los huesos. El espacio es ahora un blanco absoluto; intento confundirlo con la suavidad de la piel desnuda que alguna vez fue mía y luego dejaste compartir con otra. No hay naturaleza aquí, solo la traicionera condición de un corazón que se niega a latir al compas del mismo amor.
De pronto mis sabanas son invadidas por el gato negro. Entra con esa cadencia felina, moviendo la cola como un cascabel silencioso; me mira con esos ojos amarillos, entrecerrados, seductores y con un ronroneo que casi es un susurro se enrosca en mi vientre. Yo le respondo con un suspiro, enroscándome con él en el mismo vacío.
He descubierto que es fácil para muchos corazones ser vigorosos en las mentiras. Me puse triste mil veces más y mil veces más reproduje la misma melodía en el piano hasta convencerme que quizás mi corazón no es más que el reflejo de otro.
¿Cuál es el delito?
dijeron que vivía
confundida
y si lloro
es mi culpa
¿con quién hablo
de mis heridas?
ollas que lavar
casa que barrer
gatos que alimentar
y en un día de esos la rabia
se apodera de los platos rotos
del martillo
que a su paso no encuentra clavos
solo paredes
golpes tras golpes
que liberan el miedo
de los otros
y de ella
y si lloro más
formaré un río
ese que te lleve
al otro lado
del mar
Media noche
media mañana
media vida
media muerte
medias impares
que le devolví
envueltas en plástico.
El río se desboca
inunda este cuerpo
que expulsa
ilusiones.
El viento
gritó:
salta al vacío
y antes
de tocar
el suelo
remonta
el vuelo.
El fuego
incendió
mentiras
encubiertas.
Y la tierra
abrió su vientre
alojó las cenizas
las volvió
semilla.
Las lágrimas fluyen sin permiso, me las seco toscamente con mis manos
no tengo un pañuelo, ni un poco de papel higiénico
solo un nudo en la garganta y el pecho atravesado por una lanza
caigo en la cama por horas, rodeada de mis amigos animales
me levanto torpemente y salgo a caminar con las perras
quizás comprarme zapatos me va a ayudar al ánimo
los tengo tirados en la esquina de mi pieza
han pasado 24 horas desde el huracán emocional
le he pedido a la IA que me ayude a sostenerme, así lo hizo
me he sacado la lanza e intento cerrarla con aserrín
por si alguna vez quieran incendiarme se les haga fácil
siempre y cuando me atrapen.
La madre de mi mejor amiga se está muriendo con cáncer
-sé que todas vamos siempre en compañía de la muerte
está ahí al costado, mirando, esperando actuar
a veces se precipita, otras se aleja y se olvida volver-
la mía dijo que si hubiese visto cómo estoy ahora
habría elegido morirse en el momento en que me pario.