—Espera, no te vayas, no sé qué cuento escribir…
Fue lo último que logré escuchar antes de cerrar la puerta con toda la rabia contenida. Los faroles se encienden uno tras otro; calculo que serán cerca de las siete. A pesar de que detesto el olor del cigarro, es justo lo que necesito para lidiar con la adicción emocional junto a un vaso de gaseosa oscura. Bebo mi angustia mientras mastico nuevos horizontes.
La noche del viernes fue lo que llamaría un paso por el Huerto de Getsemaní: escenas de traición y engaño repitiéndose sin fin. Despierto entre la neblina que separa la realidad de mis sueños y me tropiezo con su mirada. Pienso en su oficina, en su trabajo de escritor… ¿A quién más calcarás?