Me quedé flechada por el tipo de cabello de algodón, de cuerpo delgado que en algunas oportunidades habíamos intercambiado miradas, sí, miradas iban y venían. Intentó besarme, le huí hasta en tres oportunidades, le indiqué el camino amarillo, le cogí las manos, le pinté con mi colorete rojo un ojo en su frente. Le corté la lengua, después de hacerlo hablar hasta que me cansé de escucharlo. Me acerqué a su boca y empecé a beber de su sangre, le pedí que conozca la ruta de mi cuerpo. Amanecí con la piel azul brillante, con tonos fucsias. Me sentí atolondrada y con cierta ensoñación. Sentado con el torso desnudo y las uñas de sus pies afilados, me miraba respirar y al darse cuenta que desperté, saltó sobre mi y con sus colmillos entre mi cuello, me volví a entregar a su hambre.
El viento frío que hela las rodillas, sus manos abrigadas en los bolsillos de su chaqueta, se mueve al compás de su velocidad. Explorar con la vista la ciudad, las luces, los perros acurrucados, las casas en diferentes condiciones. Coloca su mano en su rodilla de ella y parece que la luna empieza a llenarse.
Mi intención siempre ha sido descongelar mi corazón, volverlo de piedra para algunos y de masmelo de agar-agar para otros, le repite mirándole a los ojos. Buscan un par de tés piteados y esperan que los minutos pasen, ¿existe otra posibilidad de estar sin la imperiosa necesidad de desnudarse el cuerpo y entregarse?
Coge sus manos y le acaricia las mejillas, le pide que no le muerda tan duro el rostro. Juega con su cabello y le explica sobre sus deseos de formar nidos, de ser aves, de moverse en manadas. Mira el cielo, le pide que no exija más respuestas, que no pretenda algo que él no ha verbalizado.
Se acercan las manos, los cuerpos y el abrazo es una despedida de la noche que se llena de neblina, de la noche que se queda con la incertidumbre, de los amantes cuyos corazones han sido expuestos. Enciende y espera que el motor se caliente y da marcha a su morada.
Las paredes vierten la tibieza para arrullarle; ¿Qué espero yo, qué doy a cambio? Tiempo. Tiempo para acogerte en la rutina, para despojarte de las frazadas por las mañanas, para cocinarnos a fuego lento, a fuego intenso no solo de la cocina sino también del deseo de vivir y acompañarnos en la monotonía. Se escucha su voz en un soliloquio, mientras se mira al espejo y da el último sorbo al mate de Flor de Jamaica. Apaga la luz y una sonrisa se define en su rostro.
Prende el celular, la alarma le avisa que es el último día del acuerdo. Sesenta días para conocerse y decidir el siguiente paso. El sol llena la habitación, abre las cortinas porque detesta que este sin luz, recuerda lo que le dijo la tercera noche que decidió quedarse algunas horas; "yo soy fotofóbica, no me gusta tanto la luz, a menos que sea necesaria". Se lava el rostro, sus cabellos, evoca las noches, las horas, las risas, los cuerpos desnudos habitándose. Los amantes podrían permanecer en el sendero de los días venideros.
Cómo te digo que he caído en tu telaraña, distraída iba por la vía, acompañado del humo de la noche psicodélica, psicótica y caótica. Posaste tus manos en mis manos, tus pupilas en las mías, tus aliento en mi aliento.
Me pregunto si hoy día me dirás para escalar la noche estrellada y contar las fugaces. Dejo que tu decidas porque si es por mi, esta misma noche me escapo a tus aposentos y si la noche y la muerte esta de mi lado me entierro en tu destino y me caigo en tu lecho.
Cuál es la medida del tiempo si es que no se activa a tu encuentro. Cuerpo obsoleto, vagabundo y desierto, necesito de tu agua para florecer, necesito de tu viento para crecer, necesito de tu fuego para expandirme. Tanto lamento sin sentido, dejando mis días a la monotonía de los desencuentros. Es la Mamapacha o son los Apus los que propiciaron este encuentro, entre dos corazones de piedra.
Me repito, respira con calma y medita sobre tus próximos encuentros. Me repito, ve con calma y al son de los bajos funks o los blueses, tu cuerpo descansará entrelazado en el suyo.
Cojo tu cabello, cierro los ojos y aspiro tu olor, cierro los ojos y me siento en las nubes, es tu cabeza de agar-agar que me hace descansar, es tu corazón tibio y ardiente que me hace encender la imaginación.
El sueño se recupera y repercute en los demás días, quiero dormir y soñar a tu lado, quiero soñar y dormir a tu lado, quiero encontrar mi lugar en tu cuerpo, quiero cantar en tu voz, quiero apretarte y entrar a tu ser, quiero quererte como quieres.