sábado, 30 de marzo de 2024

Permanecer

El viento frío que hela las rodillas, sus manos abrigadas en los bolsillos de su chaqueta, se mueve al compás de su velocidad. Explorar con la vista la ciudad, las luces, los perros acurrucados, las casas en diferentes condiciones. Coloca su mano en su rodilla de ella y parece que la luna empieza a llenarse.

Mi intención siempre ha sido descongelar mi corazón, volverlo de piedra para algunos y de masmelo de agar-agar para otros, le repite mirándole a los ojos.  Buscan un par de tés piteados y esperan que los minutos pasen, ¿existe otra posibilidad de estar sin la imperiosa necesidad de desnudarse el cuerpo y entregarse?

Coge sus manos y le acaricia las mejillas, le pide que no le muerda tan duro el rostro. Juega con su cabello y le explica sobre sus deseos de formar nidos, de ser aves, de moverse en manadas. Mira el cielo, le pide que no exija más respuestas, que no pretenda algo que él no ha verbalizado. 

Se acercan las manos, los cuerpos y el abrazo es una despedida  de la noche que se llena de neblina, de la noche que se queda con la incertidumbre, de los amantes cuyos corazones han sido expuestos. Enciende y espera que el motor se caliente y da marcha a su morada. 

Las paredes vierten la tibieza para arrullarle; ¿Qué espero yo, qué doy a cambio? Tiempo. Tiempo para acogerte en la rutina, para despojarte de las frazadas por las mañanas, para cocinarnos a fuego lento, a fuego intenso no solo de la cocina sino también del deseo de vivir y acompañarnos en la monotonía. Se escucha su voz en un soliloquio, mientras se mira al espejo y da el último sorbo al mate de Flor de Jamaica. Apaga la luz y una sonrisa se define en su rostro.

Prende el celular, la alarma le avisa que es el último día del acuerdo. Sesenta días para conocerse y decidir el siguiente paso. El sol llena la habitación, abre las cortinas porque detesta que este sin luz, recuerda lo que le dijo la tercera noche que decidió quedarse algunas horas; "yo soy fotofóbica, no me gusta tanto la luz, a menos que sea necesaria". Se lava el rostro, sus cabellos, evoca las noches, las horas, las risas, los cuerpos desnudos habitándose. Los amantes podrían permanecer en el sendero de los días venideros. 




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